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dimecres, 21 de desembre de 2011

Inconexiones



 Había una vez, en un país muy cercano, una chica muy asustada que en otoño no podía seguir adelante y se quedaba quietecita en un rincón esperando a que tal vez alguien la salvara. Gastaba sus días vagando por las calles de su ciudad desnuda, mientras su piel se mojaba por la lluvia. Las horas correteaban grises entre sus manos y ella sabía que naufragaría en ese mar de suspiros. Pero llegó el invierno y un día subió hasta lo mas alto de una montaña y se quedó sola. Allí, estirada en la nieve vio cómo el sol se marchaba, tiñendo el cielo de colores púrpuras. Fue entonces cuándo supo que sólo ella podía salvarse. Se alzó entre las tinieblas y gritó hacía las estrellas hasta extenuar su voz.
A veces sólo hace falta un instrumento para que dejes de cogerme de la mano y te alejes entre sonrisas. No vuelvas, te lo ruego.